Bioseguridad

Hoy en día, se habla más y más acerca de la importancia de tener en práctica un buen programa de bioseguridad en los núcleos zoológicos. El concepto de bioseguridad es sujeto de muchos debates y diferencia de opinión entre técnicos y especialistas. El propósito de este artículo es dar una clara y simple definición a este concepto y ver como integrar un efectivo programa de desinfección como parte de las prácticas de manejo involucradas en un programa de bioseguridad en el sector de la Cetrería y de la Conservación de las aves rapaces.

En aves rapaces, el papel de las enfermedades como causa de mortalidad o de regulación demográfica ha sido motivo de diferentes interpretaciones. Si bien para algunos autores las enfermedades son de escasa importancia como causa de mortalidad o de cambios demográficos, pero alternativamente, otros señalan que la mortalidad causada por bacterias, virus, hongos, protozoos, helmintos y artrópodos es causa sustancial del escaso éxito reproductivo y de la disminución del número poblacional en aves en general y en rapaces en particular. Más aún, estos organismos pueden afectar su comportamiento y su éxito reproductivo, alterar la cadena trófica, romper grupos sociales y jerarquías, influenciar el proceso evolutivo y favorecer el reemplazo por otras especies. Las diferencias de opinión sobre el grado de impacto de los parásitos obedecen en gran parte a una carencia de estudios sobre las causas de mortalidad, éxito reproductivo y cambios demográficos en poblaciones de aves rapaces a largo plazo, incluyendo enfermedades. A esto debe sumarse la ausencia, en muchos proyectos de investigación sobre rapaces, de profesionales entrenados en el reconocimiento de signos clínicos y lesiones causadas por parásitos en aves. La incapacidad de reconocer y diagnosticar causas infecciosas o parasitarias de mortalidad en éstas conduce a subestimarlas en los estudios, al tiempo que se tiende a sobreestimar otras causas. A pesar de todo se presenta necesario prevenir y poner todo el empeño en el desarrollo de un control de bioseguridad.

Podemos definir la bioseguridad como el conjunto de medidas adoptadas con el fin de eliminar al máximo el riesgo de contagio de las aves por agentes patógenos así como de la propagación a otros núcleos por parte de los mismos. Además es la herramienta que ayuda a minimizar el efecto de las infecciones y aminorar el impacto de la enfermedad. Muchas veces, no sólo es tan importante identificar el tipo de patógeno que ha desencadenado la enfermedad en las aves rapaces, como analizar los fallos que se hayan podido suceder en el desarrollo del programa de bioseguridad. La creación de barreras microbiológicas para evitar la transmisión de patógenos es el concepto básico de la bioseguridad.

Inicialmente distinguimos la bioseguridad estructural (diseño de las instalaciones), conceptual (localización física del núcleo zoológico) y la operacional (sistemas de limpieza y desinfección). Por ello, todo programa comienza por la organización del espacio físico de las instalaciones (mudas, alcándaras, almacén…) y del ciclo de mantenimiento-reproducción. Cada zona debe estar aislada de otras instalaciones del núcleo, ya que si ocurre cualquier problema, la propagación se minimiza. Áreas compartidas como almacén, mudas, incubadoras, ofrecen posibles ahorros económicos, pero la puesta en práctica de medidas de bioseguridad eficaces se convierte en casi imposible. No obstante, la eficacia del aislamiento geográfico se anula rápidamente cuando hay contacto con otras especies de rapaces de otros núcleos. El control de la alimentación, el transporte de las aves y las prácticas de manejo son procesos que deben realizarse atendiendo al programa que se desarrolle de bioseguridad, así como también debería evitarse que se comporta equipo y/o personal, pero si ocurriera, habría que organizar estas acciones tomando estrictas medidas de control.

La exclusión de las aves salvajes y el control de roedores son cuestiones a tomar en consideración. El primer caso es procurar que las mudas y zonas ajardinadas no resulten atractivas para los roedores y aves silvestres, debiendo mantenerse en perfecto estado y hay que asegurarse que dichos vectores no tienen acceso tampoco al resto de instalaciones. El material de aislamiento debe estar perfectamente revisado asegurando la estanqueidad de las instalaciones.

Existen las denominadas estrategias “todo dentro-todo fuera” que se presentan muy efectivas a la hora de evitar la transmisión de microorganismos patógenos de un lado a otro dentro de la misma zona. El efecto de estas estrategias se intensifica aún más cuando se dispone de instalaciones actualizadas, bien diferenciadas y se realiza una limpieza y desinfección realmente eficaz. La limpieza y desinfección son partes fundamentales del programa de bioseguridad. La limpieza es el aspecto más importante, pues significa la eliminación de las partículas físicas de la contaminación y así maximizar la eficacia de las estrategias “todo dentro-todo fuera”. Por desinfección se entiende el proceso que reduce el número de organismos patógenos, pero no necesariamente las esporas bacterianas, a un nivel que no es dañino para la salud.

Con un buen planeamiento, el uso de desinfectantes juega un papel vital en un programa de control efectivo de enfermedades. Hoy día para beneficio del cuidador, existen disponibles productos seguros de usar y con un amplio espectro de acción. Durante los últimos años han sido comprobado que el control de enfermedades de origen viral, en particular aquellas que debilitan el sistema inmunitario, es el punto crítico para la reducción de los problemas sanitarios. Cuando se identifican virus nuevos, el proceso de desarrollo de vacunas, si es considerado económico, toma mucho tiempo. Mientras tanto, la desinfección con un producto de eficacia comprobada, es muchas veces la única y más económica forma de protección disponible.

La elección de un desinfectante es el paso clave en la preparación de un programa efectivo de bioseguridad operacional.

Los principales puntos a considerar en la elección de un producto son:

  • Eficacia: el espectro biocida del producto debería asegurar un control efectivo de todos los microorganismos patógenos (virus, bacterias, hongos y protozoos) que normalmente afectan a las especies de rapaces en cuestión. Es por lo tanto muy importante que el producto sea capaz de penetrar la materia orgánica. Para eso es esencial que tenga un alto poder detergente.
  • Seguridad: el desinfectante debe ser seguro en su utilización por el personal y por supuesto, debe ser seguro para los animales y no dejar residuos en el ambiente  siendo no corrosivo para el equipo.
  • Además de la selección de un buen producto, es necesario realizar un correcto uso del mismo para obtener los resultados deseados. Algunos de los puntos a considerarse son los que se desarrollan a continuación.
  • Tasa de dilución usada. Se debe escoger aquel índice de dilución al cual el desinfectante ha sido probado efectivo, en ensayos independientes, contra los patógenos a eliminarse. Se aconseja usar siempre la concentración necesaria para eliminar el o los patógenos más resistentes.
  • Volumen de aplicación. Todas las áreas a ser desinfectadas deberán ser previamente limpiadas para eliminar la materia orgánica presente. De lo contrario, existirá una reducción en la efectividad del desinfectante por inactivación. El uso de un detergente biocida facilita y aumenta la efectividad del desinfectante.
  • Tiempo de contacto. Todos los desinfectantes necesitan permanecer en contacto con los microorganismos por un tiempo mínimo de tiempo. En la practica, se recomienda 30 minutos para lograr una desinfección apropiada.

El uso de desinfectantes puede dividirse en dos áreas bien definidas; desinfección terminal y desinfección continua. La desinfección terminal se refiere a los procedimientos realizados sin aves. Primeramente se procederá a una limpieza en seco para quitar todos los quipos portátiles para su limpieza y desinfección fuera de las mudas y del resto de instalaciones. El siguiente paso es la Higienización del sistema de agua. Este paso es muchas veces olvidado a pesar de su gran importancia en prevenir la contaminación a través del propio sistema. Durante el proceso se debe tener especial atención a la eliminación del biofilm en el agua. El biofilm no es más que células microbianas y el biopolímero extra-celular (polisacáridos y agua, principalmente) que ellas producen. Para eliminar este biofilm es necesario usar un producto que penetre y disminuya la matriz del biopolímero y exponga al patógeno a la acción del desinfectante. Se continuará con el lavado propiamente. En esta etapa se procede a la limpieza de las mudas, alcándaras y el equipamiento usando un detergente biocida el cual reduce el desafío orgánico y la carga microbiana inicial facilitándole así la labor al desinfectante. Finalmente se desinfectará siendo este el momento en el que ya se puede aplicar el desinfectante que cumpla con los requisitos discutidos anteriormente.

La desinfección continua consiste en la aplicación de un desinfectante con las rapaces presentes para prevenir o minimizar los agentes externos. Se deben contemplar la posibilidad de ubicar pediluvios en un lugar conveniente a la entrada de las instalaciones. Se completarán con un desinfectante que tenga probada acción en severas condiciones de desafío orgánico y que no sea afectado por la temperatura o los rallos solares. La solución debe renovarse como mínimo una vez a la semana o más frecuente en casos severos. Es muy importante limpiarse las botas antes de sumergirlas en el pediluvio. En cuanto al tratamiento de agua de baño y bebida se recomienda si el agua de beber es de calidad cuestionable o simplemente para prevenir la transmisión de enfermedades a través del agua. Es necesario usar un producto de amplio espectro pero a la vez seguro para los animales y equipos. Se finalizará con la desinfección aérea, ya que existe una gran posibilidad de que ocurra propagación aérea de la infección y es por eso que se sugiere el uso de un desinfectante con alto poder virocida que se pueda aplicar en presencia de animales sin representar riegos de salud ni para ellos ni para el personal que lo aplique. Las recomendaciones varían mucho dependiendo de la situación que se trate pero en términos generales tratamos de hacerlo un mínimo de una vez por semana especialmente aquellos momento de mayor susceptibilidad.

Finalmente, cabe mencionar que las recompensas que ofrece un sistema de bioseguridad sensato constituyen la condición de un núcleo zoológico bien protegido contra amenazas de enfermedades conocidas o desconocidas, el riesgo atenuado de desarrollar mayor resistencia a la medicación actual y un sistema sostenible.

Santiago Rojo Blanco

Biólogo, LABDIAL, S.L.U.